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Trump y el carbón: ¿regreso energético o apuesta por la seguridad energética?

El 8 de abril de 2025, Donald Trump firmó una serie de acciones destinadas a reforzar la producción y utilización del carbón en Estados Unidos.

Entre ellas estuvo la Executive Order 14261, Reinvigorating America’s Beautiful Clean Coal Industry, que ordenó eliminar determinadas barreras federales a la producción y generación con carbón, impulsar el acceso a recursos carboníferos federales y revisar políticas que desincentivaran su utilización.

Ese mismo día firmó también la Executive Order 14262, enfocada en la confiabilidad y seguridad de la red eléctrica estadounidense.

La decisión volvió a poner sobre la mesa una pregunta que nunca ha desaparecido completamente del debate energético:

¿Qué papel debería tener el carbón en un sistema eléctrico que necesita simultáneamente confiabilidad, precios competitivos y menores emisiones?

La respuesta es bastante más compleja que elegir entre carbón o energías renovables.

¿Qué hizo realmente Trump con el carbón?

Las medidas adoptadas en abril de 2025 buscaron facilitar la producción doméstica de carbón, revisar restricciones regulatorias y evitar el retiro de determinados recursos de generación considerados importantes para la confiabilidad de la red. La administración también vinculó explícitamente esta política con el incremento esperado de la demanda eléctrica procedente de manufactura y centros de datos asociados con inteligencia artificial.

No se trató únicamente de un discurso y en 2026 la política continuó.

En febrero, una nueva acción presidencial declaró el mantenimiento de capacidad de generación a carbón como parte de la estrategia de seguridad nacional, y el Departamento de Energía anunció posteriormente inversiones para modernizar y extender la vida de determinadas centrales.

Por eso la pregunta ya no es simplemente si Trump quiere “revivir el carbón”.

La cuestión energética interesante real es ¿qué problema intenta resolver manteniendo esa capacidad disponible?

1. Confiabilidad: el argumento más fuerte a favor del carbón

Una central de carbón almacena físicamente combustible en su instalación, lo que le permite disponer de una reserva energética que puede utilizarse independientemente de si hay sol o viento en determinado momento. Ese atributo puede aportar valor en algunos sistemas eléctricos, pero esto no significa que el carbón sea la única tecnología capaz de ofrecer confiabilidad.

Las redes modernas combinan generación renovable, gas, nuclear, hidroeléctrica, almacenamiento, transmisión, gestión de demanda y diferentes recursos despachables.

Por eso plantear dejar la discusión como: carbón versus renovables

simplifica demasiado el problema.

La verdadera discusión debe ser ¿qué combinación de recursos garantiza energía suficiente, disponible cuando se necesita y a un costo aceptable?

En 2025 el carbón todavía produjo aproximadamente 17% de la electricidad utility-scale de Estados Unidos, frente a 41% del gas natural, 24% de las renovables y 18% de la energía nuclear.

El carbón, por tanto, ya no domina el sistema estadounidense.

Pero tampoco ha desaparecido.

2. La inteligencia artificial está cambiando la conversación sobre demanda eléctrica

Este es uno de los argumentos más interesantes detrás del nuevo debate, porque durante muchos años, la demanda eléctrica estadounidense creció lentamente.

Eso está cambiando.

Los centros de datos consumieron alrededor de 180 TWh de electricidad en Estados Unidos durante 2024, y la IEA proyecta que su consumo podría aumentar aproximadamente otros 240 TWh para 2030.

La IEA estima además que los centros de datos podrían representar aproximadamente la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica estadounidense hasta 2030.

Esto cambia la pregunta.

Ya no basta con preguntarnos cómo reemplazar la generación existente.

¿cómo abastecemos una demanda que vuelve a crecer rápidamente?

Sin embargo, esto tampoco demuestra que esa nueva demanda deba satisfacerse necesariamente con carbón. La propia IEA proyecta que renovables, gas natural, nuclear y otras tecnologías compartirán el crecimiento necesario para abastecer los centros de datos.

El desafío es construir suficiente capacidad, transmisión y flexibilidad a tiempo.

3. ¿Puede el carbón contribuir a la seguridad energética?

En países con importantes reservas nacionales, el carbón puede reducir cierta exposición a combustibles importados y proporcionar inventarios disponibles durante periodos prolongados.  Ese argumento es especialmente relevante cuando la seguridad energética vuelve a ocupar un lugar central en la política pública.

Pero seguridad energética tampoco significa simplemente utilizar recursos domésticos.

Un sistema energético seguro necesita además infraestructura confiable, cadenas de suministro resilientes, combustible disponible, suficiente capacidad de generación y una red capaz de responder ante contingencias.

La seguridad energética es una característica del sistema completo, no de un combustible aislado.

4. ¿Qué ocurre con las comunidades carboníferas?

Existe además una dimensión humana que no debería desaparecer del análisis.

En 2024 las minas de carbón estadounidenses emplearon en promedio aproximadamente 44.060 trabajadores.

Y detrás de esos empleos existen comunidades, contratistas, transporte, servicios y economías locales.

Esto también ocurre en Colombia.

Una transición energética puede ser técnicamente correcta desde la perspectiva de emisiones y aun así generar consecuencias económicas importantes si las regiones dependientes de determinados combustibles no cuentan con alternativas productivas.

Por eso hablar de transición energética también significa hablar de transición laboral y regional.

Cerrar una mina en Excel puede tomar segundos.

Transformar la economía de una comunidad puede tomar décadas.

5. ¿Puede la tecnología reducir el impacto ambiental del carbón?

Sí, aunque aquí hay que ser cuidadoso, no existe una tecnología que convierta la combustión del carbón en una actividad sin impactos ambientales. Pero, tamboco ninguna fuente de energía actual, tiene impactos negativos. Todas las formas de generación de energia, tienen un impacto sobre el medio ambiente, no lo puedo negar.

Pero existen tecnologías capaces de reducir diferentes impactos.

Centrales de mayor eficiencia pueden producir más electricidad por unidad de combustible.

Sistemas de control pueden reducir emisiones de partículas, SOx, NOx y otros contaminantes.

Y la captura, utilización y almacenamiento de carbono —CCUS— busca capturar parte significativa del CO₂ antes de su liberación a la atmósfera.

Japón, por ejemplo, ha desarrollado el proyecto Osaki CoolGen, que ha realizado demostraciones de gasificación de carbón, generación de mayor eficiencia y separación y captura de CO₂.

Pero existe una diferencia importante entre: demostrar que una tecnología funciona y demostrar que puede desplegarse masivamente a un costo competitivo.

CCUS continúa enfrentando retos relacionados con costo, infraestructura, transporte y almacenamiento de CO₂.

Por eso prefiero hablar de carbón con mayor eficiencia y control de emisiones en lugar de utilizar indiscriminadamente la expresión “carbón limpio”, prefiero carbón consiente.

6. ¿Significa esto que las energías renovables han fracasado?

No.

Y tampoco necesitamos que fracasen para reconocer que el carbón continúa teniendo un papel en determinados sistemas.

Alemania ilustra precisamente la complejidad.

Las renovables han crecido considerablemente y representaron más del 60% de la generación eléctrica variable en 2024, pero la IEA identifica todavía necesidades importantes de almacenamiento, expansión y optimización de redes, flexibilidad y reducción de costos energéticos.

La conclusión correcta no es: las renovables no funcionan.

 Es: integrar grandes cantidades de generación variable requiere transformar también la red eléctrica.

Un sistema eléctrico no se diseña escogiendo una tecnología favorita.

Se diseña equilibrando costo, confiabilidad, flexibilidad, seguridad y emisiones; asi como todas las tecnologias disponibles y fuentes de energia variadas.

7. El carbón también tiene un problema que no podemos ignorar: las emisiones

Defender un análisis técnico del papel del carbón no significa ignorar su principal desventaja.

Su combustión produce emisiones significativas de CO₂ y contaminantes atmosféricos.

Por eso cualquier estrategia que pretenda mantener capacidad a carbón durante más tiempo debe enfrentar una pregunta legítima: ¿cómo se compatibiliza esa decisión con los objetivos de reducción de emisiones?

 

Mejorar eficiencia ayuda.

Una planta que necesita menos carbón para producir el mismo MWh reduce su consumo de combustible y sus emisiones por unidad de electricidad.

Pero eficiencia y descarbonización no son sinónimos.

Una planta más eficiente sigue utilizando un combustible fósil.

Ese matiz es fundamental para tener una conversación energética técnicamente seria.

¿Trump está realmente devolviendo al carbón su antiguo protagonismo?

Probablemente no en el sentido de regresar a la estructura eléctrica de hace décadas, pero el carbón representó alrededor del 17% de la generación eléctrica estadounidense en 2025. Y en su contexto competitivo ha cambiado profundamente debido al crecimiento del gas natural, las renovables y otras tecnologías.

Lo que sí está haciendo la actual política estadounidense es intentar ralentizar determinados retiros, extender la vida útil de centrales existentes y mantener disponible capacidad considerada estratégica para confiabilidad y seguridad energética.

Es una diferencia importante.

No necesariamente estamos observando un regreso al pasado.

Podemos estar observando una discusión sobre cuánto tiempo mantener determinados activos existentes mientras cambia el sistema eléctrico.

Preguntas frecuentes sobre Trump y el carbón

¿Cuándo firmó Trump las órdenes para impulsar el carbón?

Las principales órdenes de esta etapa fueron firmadas el 8 de abril de 2025. Entre ellas estuvieron las Executive Orders 14261 y 14262.

¿Trump ordenó construir nuevas centrales de carbón?

Las acciones de abril de 2025 se enfocaron principalmente en eliminar barreras, ampliar acceso a recursos carboníferos, revisar regulaciones y preservar capacidad existente. No equivalen por sí mismas a una orden general para construir nuevas centrales.

¿Por qué Estados Unidos quiere conservar centrales de carbón?

La administración ha argumentado razones relacionadas con confiabilidad de la red, seguridad energética, empleo y crecimiento de la demanda eléctrica, incluida la procedente de centros de datos e inteligencia artificial.

¿La inteligencia artificial necesita carbón?

No específicamente.

La inteligencia artificial está aumentando la demanda eléctrica, pero esa demanda puede abastecerse mediante distintas combinaciones de renovables, gas, nuclear, almacenamiento y otras fuentes. La IEA espera una combinación diversa, incluyendo el carbón.

¿La captura de carbono elimina las emisiones del carbón?

No elimina todos los impactos ni convierte automáticamente una central en una instalación sin emisiones. CCUS puede capturar CO₂ bajo determinadas configuraciones, pero requiere infraestructura adicional y tiene implicaciones técnicas y económicas.

La pregunta no debería ser carbón sí o carbón no

La discusión energética se empobrece cuando la reducimos a dos bandos.

Carbón contra renovables.

Economía contra clima.

Confiabilidad contra sostenibilidad.

La ingeniería trabaja con problemas más complejos.

Debemos preguntar:  ¿Qué necesita el sistema? ¿Durante cuánto tiempo? ¿A qué costo? ¿Con qué nivel de confiabilidad? ¿Y con qué impacto ambiental?

En algunos sistemas, retirar rápidamente centrales de carbón puede crear desafíos de capacidad y confiabilidad.

En otros, mantener centrales antiguas puede resultar económica y ambientalmente menos atractivo que sustituirlas por nuevas tecnologías.

No existe una respuesta universal.

Lo que sí debería existir es una regla:

mientras una planta de carbón continúe operando, debería hacerlo con la mayor eficiencia, confiabilidad y control ambiental técnicamente posible.

Eso significa mejores datos.

Mejor carbón.

Mejor combustión.

Menores pérdidas.

Y decisiones basadas en desempeño, no en ideología.

Porque el verdadero liderazgo energético no consiste en enamorarse de una fuente.

Consiste en construir un sistema que funcione.

Si tu empresa produce, comercializa o utiliza carbón y quieres identificar oportunidades para mejorar su desempeño energético, puedes contactarme para analizar dónde se están perdiendo energía y dinero dentro de tu operación.